lunes, 2 de febrero de 2009

Sobrevivir y encontrar a tu Viernes (I)



VIERNES


Bueno, pues llegó el domingo a media tarde y con éste Carmen. ¡Prueba superada! Desde el jueves por la noche que se marchó, se han sucedido toda clase de acontecimientos, divertidos y entrañables, que me dispongo a relatar.


Para quien no sepa lo que pasaba, mi querida esposa se tuvo que ausentar un fin de semana, y yo me quedaba, desde el jueves por la noche, con todos los Fálava. La tarea que tenía por delante era aterradora. No tanto por quedarme con ellos, porque entre la chica de servicio y mi querida familia política todo se hace más llevadero, sino por calarme la gorra de capitán de un barco del que no conocía ni su calado, ni su manga, ni dónde estaban los salvavidas, o cómo se usaba la radio.


Veréis. El viernes llegué de trabajar a la hora de comer, y menos Javier, que se había fugado convenientemente a casa de su abuela, estaban todos esperándome expectantes.


-Papá, ¿qué vamos a hacer esta tarde?


-Señor ¿qué pantalón-peto le pongo a Juanito?


Estas son sólo dos de las preguntas que se dirigieron hacia mí como flechas nada más traspasar el umbral de casa. Había que inventarse algo para los niños y ver qué ropa había que ponerle a Juan tras su siesta, porque si dejo que lo vista la chica podrían confundirlo con uno de los candidatos a ser adoptados en los orfanatos de Honduras que salen en la tele (ya sabéis, camisa azul, jersey fuxia, pantalón verde oscuro y zapatitos blancos. Si fuera niña, se complementaría con una horquilla atigrada a mitad de occipital).


Opté por el clásico que nunca falla:


-María, póngale lo que le puso ayer la señora. No importa que tenga manchas, hoy mejor que no salga de paseo, que llueve y así no pilla un constipado.


Solucionado el atrezzo de Juanito, había que ver el plan para Carmen y Pablo. Mierda, ya han visto todas las pelis que ponen en el cine. Con la crisis de liquidez internacional, ningún banco me va a financiar los 36 euros que cuesta por barba llevarles al Teatro Calderón a ver "Una tarde con Caillou". Joputa el niño calvo ese, 18.000 pelas ir a ver cómo canta...


Ya lo tengo, vamos a por unos puzzles. Les gustan y son baratos. Así que cogemos el 29, y nos dirigimos hacia la tienda donde compro esos juguetes maravillosos. Los enanos se sientan justo enfrente de dos quinceañeras poco aseadas y que atacan a pachas un bocata de chopped pork (siempre fue lo peor).


- Tía, no veas ayer cómo tragaba en el Burguer la Orco. Está cada vez más gorda, y tiene una de granos...


Vaya hombre. Me tiene que levantar el estómago ahora la imaginación, que me dibuja a una especie de Loles León en la pubertad, con un relieve facial semejante a un Ferrero-Rocher.


Carmencita y Pablo las miraban alucinados.


Finalmente, llegamos a la tienda y cada uno eligió su puzzle. Carmen uno de un castillo de princesas, y Pablo otro de unos osos que tocan instrumentos de viento mientras bailan. De vuelta en casa, nos disponemos a hacerlo. Primero el de Pablo, y la criatura, con sus manazas y su voz atronadora, va poco a poco completando el panel de 24 piezas que compone el dibujo. Muy contento, aplaude y celebra que lo ha hecho él sólo. Claro, con sus tres añitos es incapaz de explicarse por qué cada vez que iba a coger una nueva ficha se encontraba la correcta a unos 15 milímetros del lugar donde había que encajarla.


Lo divertido llega con el puzzle de la Candonga. Resulta que el dibujo muestra una especie de juerga de hadas dentro de un castillo, todo muy lúdico, hasta que descubro con horror que en uno de los balcones se ve a un hada macizorra dándose un baño, ¡y a un príncipe boyeur asomado a su ventana!


Rápidamente completo esa sección y hago a carmen concentrarse en unos arbustos salpicados de mariposas y mariquitas, y le digo que mejor vemos una peli. Joder, joder, a ver cómo escondo ahora el puzzle, o le pido a un amigo que le pinte un traje a la princesa y al príncipe lo disfrace de mono con un plátano en la mano.


Sin más sobresaltos, llegamos a la hora de irse a la cama, y tras acostarlos, darles agua y muchos besos, caigo derrengado en la cama y pienso en Robinson Crusoe y su primera jornada en aquella isla perdida del Pacífico...


Todo un alarde de supervivencia en esta primera jornada. Estaría orgulloso de mí. ¿Quién será mi Viernes?


Continuará...


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parto de risa......estos findes de rodriguez están bien para que valoréis a las madres. ¿No te parece?? estoy deseando oir cómo se desarrolló el sábado, y a partir de cuándo te quedaste solo solo con los cuatro. Muchos besos a todos. MARU

Anónimo dijo...

Enhorabuena Pepe, de todo esto saco una conclusión alentadora: "sabes hacer un puzzle de 24 piezas, que pasote, cuñaico.
Tico

Anónimo dijo...

De verdad que me has alegrado la tarde insufrible de estudio que me espera!!! Veo que eres todo una amo de casa!!! Y que han llegado enteros y verdaderos hoy al cole.Un beso! Gracias por este momento relax. María C.