El 7 de abril de 1506 nació en el castillo de Javier un niño llamado Francisco. Menor de cinco hermanos, era hijo de Juan de Jaso y María de Azpilicueta. Cuando cumplió los 19 años, se fue a París a estudiar Literatura y filosofía. Tenía una obsesión: medrar en la vida y devolver a su familia el prestigio y el honor perdido. Justo antes de terminar lo que hoy podríamos llamar carrera, conoció a un hombre que cambiaría su futuro: Iñigo de Loyola, hijo de alta cuna como él, pero también lleno de inquietudes y amor de Dios. Javier -ese quiso que fuera su apellido- penetró en la enseñanza evangélica de la pobreza y la esperanza en la salvación. Lo tenía todo: juventud, posición social, inteligencia, destreza en las armas, seguro que también éxito entre las mozas de buen ver (la pelusilla de frutero en el labio superior formaba parte, desgraciadamente, del canon de belleza femenino de la época), una carrera prometedora... Todo eso pasó a un segundo plano cuando descubrió el tesoro que encierra la frase de Jesús "¿De qué te sirve ganar el mundo entero, si luego pierdes tu alma?".
Se hizo jesuita (uno de los siete primeros), se fió de Dios y evangelizó buena parte del continente asiático. Viajar, en el siglo XVI, no era como hoy. Recorrer la distancia entre Europa y Asia era una proeza. El viaje incluía caravanas interminables llenas de peligro, durmiendo durante semanas al raso, atravesar océanos infestados de piratas, y en el destino yo no le arriendo la ganancia. Salvajes a los que no podías decir: "Hola, ¿sabes que Cristo ha resucitado?", porque te agarraban la cabeza y te la cortaban, por mucho que tuvieras dos licenciaturas por la Sorbona, el Wharton de la época. No, había que sobrevivir a cada conversación, cada hora, y dejar actuar a Dios, aunque las rodillas te entrechocaran del acojone.
Pues eso le pido hoy a Dios, por su intercesión, para mi hijo mayor, que también se llama Javier. Que sepa dejarLe hacer en lo que Él quiera que haga. Creo que no puede haber mejor receta para ser feliz. Si quieres, puedes rezar hoy por él. Su abuelo paterno, que además es su padrino, lo hará hoy de manera especial desde el Cielo.
1 comentario:
Menudo enchufe desde arriba!
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